Spooks – Temporada 10: el fin de una era

¡Advertencia de SPOILERS!

Ha pasado mucho tiempo desde aquella violenta y shockeante escena en la que una joven agente del MI-5 era asesinada frente a sus compañeros con una freidora. Diez años, para ser más exacta. Eso ocurrió en el segundo episodio de Spooks y sin dudas marcó, junto con  la solidez de su elenco y de sus guiones, algo que caracterizaría a la serie para siempre: la violencia, la crueldad, la facilidad para matar personajes principales sin demasiados miramientos. Pero ahora todo eso ya forma parte de un buen recuerdo, porque hace más de una semana Spooks se terminó… y para siempre.

A continuación, mi opinión sobre la décima y última temporada de esta gran serie de la BBC, haciendo especial énfasis en, por supuesto, el episodio final.

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Whitechapel: más crímenes en Londres

Detectives, asesinos siniestros, oscuridad, algo de gore, corrupción policial… todo esto y más en solamente seis episodios de policial á la inglesa.

Whitechapel es un policial de la cadena británica ITV que presenta al Detective Inspector Joseph “Joe” Chandler, un joven de clase alta obsesivo del orden y la limpieza que, gracias a la influencia de su padre, logró escalar posiciones en la fuerza policial muy rápidamente. Joe tiene buenas intenciones y busca cumplir con su trabajo de la mejor manera posible, pero su notable falta de experiencia le juega en contra cuando es asignado para dirigir a un equipo de detectives ya curtidos en el área de homicidios que representan un notable contraste con su personalidad y no lo reciben con los brazos abiertos. Dentro de ese grupo será su Detective Sargento, Ray Miles, quien destaque como el viejo y experimentado policía que, a pesar de resistirse un poco a las órdenes de su novato jefe, en un punto termina actuando como su mentor. Leer más de esta entrada

Pushing Daisies: toco y me voy


No es romántica, pero tiene momentos cursis. No es una serie de ciencia ficción, pero tiene elementos sobrenaturales. No es una serie policial, pero tiene detectives y crímenes. En realidad, Pushing Daisies es algo bastante diferente a lo que suele verse en series de TV en los últimos años pero, por otro lado, no inventó algo fuera de órbita. Cualquier espectador podría notar rápidamente que tiene una estética muy parecida a la de “El Gran Pez” o “Charlie y la Fábrica de Chocolate”. El tono de Tim Burton de alguna manera sobrevuela toda la serie, sin volverla una copia sino más bien un collage de muchas cosas que terminan convirtiéndola en un objeto original y atrapante, por extraño que parezca.

Se sabe que en los últimos años se reimpulsó la creatividad en las series estadounidenses, pero casi todas se mantuvieron más o menos en los cánones del drama. Pushing Daisies definitivamente vino a ofrecer algo distinto: una comedia inocente sobre temas que mezclan la violencia, el romance endulzado, el gore y el absurdo.

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Blackpool: Elvis está vivo

142.900 habitantes. Superficie de 34.92km². Aeropuerto propio, zoológico propio, parque de diversiones y muchas playas. La escueta información  disponible en internet da una idea del sentido de existencia de esta localidad inglesa llamada Blackpool: el turismo. Y tomando un poco de esa impronta tan al paso, tan de cuidado de las apariencias, la miniserie de la BBC que lleva su nombre muestra la vida de una familia como disparador para hablar de más cosas. Secretos, traiciones, un homicidio y canciones. Ah, y muchos tragamonedas.

Sus seis capítulos de una hora filmados en 2004 cruzan la vida de Ripley Holden , dueño de un casino de medio pelo y padre de familia, con un crimen ocurrido entre sus máquinas de arcade y destapan una trama familiar tan atrapantemente kitsch como todo lo que la envuelve.

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Doctor Who: la Era Moffat

Es difícil hacer una reseña (y que, para colmo, despierte el interés de alguien) sin detenerse en una aburrida explicación de a qué viene todo esto. Entonces resumámoslo en lo que hace falta saber: Doctor Who es una serie de ciencia ficción británica que se transmite, con interrupciones más o menos largas, desde 1963. La historia gira en torno a un Time Lord, alienígena de aspecto humano que viaja por el tiempo y el espacio  en una cabina telefónica de policía (la Tardis).

Dicha esa abrumadora aclaración, vamos a focalizarnos en las últimas dos temporadas de la que podríamos llamar la “nueva generación” de la serie, aquella que se inició en 2005 bajo la tutela creativa de Russel T. Davies (también creador de Torchwood) y con el gran Christopher Eccleston como protagonista. Las dos temporadas en las que aquí haremos referencia, justamente, no cuentan con ninguna de esas dos personas. Steven Moffat es quien ahora se encarga de supervisar todos y escribir algunos de los capítulos. Otro dato accesorio importante: el protagonista ( a partir de ahora El Doctor y si preguntan Doctor qué/quién, ya entendieron el título) tiene la capacidad de regenerarse. Eso justifica que a lo largo de toda la serie hayan existido once actores que lo interpretaron y en esta nueva generación va por el tercero. Y justamente éste, el último, es el que desde 2010 se desempeña como protagonista, a cargo del también excelente actor Matt Smith.

Retomando: esta reseña tratará sobre Doctor Who tal como la vemos en la “Era Moffat”. Las temporadas quen tiene como rey de reyes al guionista de Sherlock, Jekyll y Couple.

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Torchwood: Miracle Day

 

Todavía quedan esperanzas. Hay un lugar, allá en una isla del norte, donde la ciencia ficción sigue siendo un terreno en el cual queda mucho por decir. Donde los personajes no vienen predeterminados, las historias se prestan al juego de mentes creativas sin vicios. En fin, en Inglaterra siempre hay más para mostrar de su particular visión de la ciencia ficción.

Si en reseñas anteriores hablábamos de un bajón bastante generalizado en la TV estadounidense en lo que se refiere al género, afortunadamente llegan los británicos a poner el contrapunto. La última temporada de Torchwood es, de todos modos se debe remarcar, una co producción. El Capitán Jack y lo que queda de su grupo británico de investigaciones paranormales llegan a EEUU y suman al elenco a nuevos personajes, explosiones con el sello de barras y estrellas y, lo que es mejor, sobrevive como una gran serie que no se traiciona.

Recordemos, antes que nada, que Torchwood es un spin off de la maravillosa Doctor Who, algo así como la madre de las series, que desde 1963 y con algunas interrupciones viene haciendo vanguardia en el género desde una visión a veces cómica pero no por ello menos profunda e innovadora. Torchwood comenzó en 2006 como un sub producto con sello propio y tuvo dos primeras temporadas cambiantes, con bajones pronunciados y un resurgir en su tercera mini temporada que dejó a todos sin aliento.

En este regreso para la cuarta ronda, Torchwood presentó una historia distribuida en diez capítulos donde se trazó un nuevo concepto en lo que puede hacerse con esta idea original de Russel T. Davies. 

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Falling Skies: ¡las series se caen!

Nada podía fallar desde el vamos. Steven Spielberg, quién más, se ponía al frente de la producción de una serie de ciencia ficción que prometía devolverlo a su género más querido, en particular en la variante de las invasiones alienígenas. La experiencia de uno de los mejores directores de Hollywood en TV tenía una carta de presentación más que maravillosa: Taken. Por otro lado, Falling Skies contaba con un actor principal bien curtido en esto de la tele, nada menos que Noah Wyle, quien fuera protagonista durante 11 temporadas en ER (serie originalmente pensada por Michael Crichton y que sería una película de Spielberg si no hubiera aparecido Jurassic Park). La mente creadora además era Robert Rodat, también guionista de The Patriot y Saving Private Ryan, en su debut a cargo de una serie de  TV más allá de sus previas telemovies.

Había equipo especializado, había idea en apariencia efectiva, había de todo. Pero falló. Y falló desde tantos puntos de vista que, quizás por lo alto que se la puso en la promoción previa el golpe contra el suelo dolió mucho más. Naturalmente y como siempre recordamos cuando no nos deshacemos en alabanzas a una serie cabe remarcar que esto es una opinión. Y, por ende, todos los que tengan una visión diferentes serán bienvenidos a hacer sus comentarios e incluso, si así lo desean, escribir su contra-reseña para ser publicada en el blog.

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Teen Wolf: hombre lobo con Blackberry

Las comedias adolescentes son… ¿cómo decirlo? Lo más parecido que se me antoja al fin del mundo. Veía unas cuantas de chica, pero me parecían excepcionalmente buenas (como Eerie Indiana, Pete and Pete, Clarissa). Finalmente llegó la gran paradoja: Teen Wolf se anunciaba en un canal tan nefasto como MTV/Sony Spin, pero reunía uno de mis tópicos predilectos, la licantropía, y ese turbio fantasma de la comedieta infantiloide.

Comencé a verla con algo más que recelo (diría prejuicio) y finalmente, terminada su primera temporada, puedo decir que hasta estuvo bien. “Bien” con reparos, eso sí, tiene un sinfín de elementos obvios y bobos, pero a la luz de las nuevas modas teens (Crepúsculo es lo que primero viene a cabeza) bien podríamos decir que respeta el mito y lo reinterpreta con bastante buenos resultados. Siempre partiendo, repito, de todo lo que podría haber salido terriblemente mal.

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Extras: humor impresentable

Ricky Gervais es un jodido. Y puede resultar un jodido genial o un jodido repelente, depende, quizás de cuánto tenga uno de jodido. La cuestión es que este capocómico británico que saltó por un rato al mainstream al despacharse contra celebridades en los últimos Globos de Oro, viene con una carrera repleta de éxitos signados por un humor que le provoca acidez hasta a los propios ingleses.

En esta oportunidad, hablaremos de Extras, una breve serie un tanto auto biográfica, pero sobre todo auto paródica, que Ricky escribió y protagonizó durante dos alucinantes temporadas y un especial de navidad. La historia se centra en su personaje, Andy Millman, un patético actor de reparto que hace hasta las más deplorables artimañas para alcanzar, no ya un protagónico, sino aunque sea unas breves líneas en cuanta producción de cine o TV le toque participar.

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Wire in the Blood: “and the killer is…”

Hace poco hablábamos de Prime Suspect, una serie británica policial que se convirtió en algo así como el paradigma de los programas de este tipo. Wire in the Blood podría decirse que tiene más de un punto en común con ella, pero varias diferencia a nivel de construcción.

Basada en los libros policíacos de Val McDermid, el actor Robson Green (Being Human) se calzó el puesto de productor y además protagonista de esta serie, dándole vida al psicólogo experto en perfiles criminales, Tony Hill. Metódico, brillante y a la vez distante y algo errático en las relaciones interpersonales, en el primer capítulo conoce a la detective Carol Jordan (Hermione Norris, también vista en The Outcasts) con quien inicia una relación de cierta tensión sexual que varias veces recae en la obviedad. No así los casos que investigan, que son sin dudas el punto fuerte de la serie. Casi todos son asesinatos en serie con un gran componente sexual, y se extienden por dos capítulos o uno de hora y media de duración, según el año de emisión.

Lamentablemente y como viene ocurriendo con muchas producciones en los últimos años, fue cancelada por altos costos de producción, más allá de que se trataba de una de las series más vistas de la cadena ITV. En total cuenta con seis temporadas, un especial y una séptima temporada prometida que, todo indica, jamás verá la luz.

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