Blackpool: Elvis está vivo

142.900 habitantes. Superficie de 34.92km². Aeropuerto propio, zoológico propio, parque de diversiones y muchas playas. La escueta información  disponible en internet da una idea del sentido de existencia de esta localidad inglesa llamada Blackpool: el turismo. Y tomando un poco de esa impronta tan al paso, tan de cuidado de las apariencias, la miniserie de la BBC que lleva su nombre muestra la vida de una familia como disparador para hablar de más cosas. Secretos, traiciones, un homicidio y canciones. Ah, y muchos tragamonedas.

Sus seis capítulos de una hora filmados en 2004 cruzan la vida de Ripley Holden , dueño de un casino de medio pelo y padre de familia, con un crimen ocurrido entre sus máquinas de arcade y destapan una trama familiar tan atrapantemente kitsch como todo lo que la envuelve.


Su directora es Julie Anne Robinson, que también participó al frente de capítulos de series como Pushing Daisies y Grey’s Anathomy. En el caso de Blackpool tuvo el desafío y privilegio de componer la idea de Peter Bowker con dos magníficos actores de la talla de David Morrisey (State of play) en el papel protagónico y David Tennant (un ex Doctor Who). De ese engranaje creativo salió una serie interesante, bien estructurada y divertida, que por momentos se recostó más en el desarrollo de las historias personales de los protagonistas en lugar de la trama policial, pero que supo encontrar una identidad muy propia en un género tan remañido como el musical.

En este punto, Blackpool tiene grandes aciertos. Las canciones elegidas para el repertorio son, casi todas, excelentes y abarcan desde los necesarios homenajes a Elvis Presley, hasta Elvis Costelo, transitando The Smiths, The Clash, Queen, Billy Idol…

Tampoco es un musical común y corriente partiendo de que los actores no cantan sobre pistas de audio. Ni siquiera cantan “bien” en el sentido que suelen tener los musicales. Cantan como cualquier mortal lo hace en la ducha, pero aplicado a una narrativa que por momentos avanza -y gana mucho- en esas piezas musicales que irrumpen en cada episodio.

Los personajes cantan encima (o por detrás muchas veces) de las voces originales de los intérpretes, lo que al principio da una estética algo rara a la serie, pero termina siendo un truco bastante personal y bien logrado. También hay que decir que las coreografías están hechas, otra vez, por gente común. No hay bailarines que le sacan viruta al piso en el fondo mientras los protagonistas hacen lo que pueden con sus dos pies izquierdos. Todos se defienden, pero desde un lugar humilde y nada rimbombate, lo que a la vez hace que los números musicales no desentonen con ese estilo pretendidamente grotesco que se imprime en la serie y se lleva como bandera.

En lo referido a la historia, el detonante que une la vida de Holden con la del detective Peter Carlisle, es el asesinato de un joven en la sala de juegos del empresario local. Un hombre que a su vez pivotea entre engaños sistemáticos a su esposa, un hijo taciturno al que suele humillar queriendo o no y una hija que se pone en pareja con un hombre de su edad… para colmo ex compañero de la escuela.

Comparativamente, en la serie se presta mucha más atención a la vida familiar de Holden que al caso policial en sí mismo, que actúa más bien como la excusa (bien armada y bastante bien llevada, eso sí) para desestabilizar algo que se venia pudriendo hacía rato.

La serie comienza en un punto alto, prometedor y simpático, con un gran primer capítulo. Quizás ante la reiteración de algunos recursos, ya en el cuarto episodio parece que la trama se ha estirado un poco y la meseta no mejora demasiado con la resolución del misterio policial, pero vale decir que se apoya sobre todo en las buenas interpretaciones de un cast fabuloso, la dinámica que dan las canciones en sí mismas y un tono entre tragicómico y decadente.

Con un “Las Vegas de la B” como elemento que lo aglutina a todo, los actores que acompañan a los dos Davids son Sarah Parrish en el papel de la esposa culposa, un muy buen Thomas Morrison como el hijo menor, Georgia Taylor para la hija y Kevin Doyle como el novio disruptivo de la nena.

Un buen exponente del musical para TV, con mucha personalidad a la hora de definirse dentro de los clichés del género y con una historia que, encorsetada en los capítulos justos y necesarios a veces tambalea un poco, pero se mantiene con mucha altura hasta un final exacto, algo previsible pero que deja con el sabor de que se disfrutó de principio a fin.

Título original:  Blackpool
País: Gran Bretaña
Año de emisión: 2004
Cadena: BBC
Creador: Peter Bowker
Temporadas: 1
Cantidad de episodios: 6

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