X-Files: La Conspiración (Spoilers!) Parte III

La siguiente entrada puede contener información sobre la trama de esta serie. En otras palabras SPOILERS

Se va la tercera parte y ya falta menos. En la entrada anterior nos habíamos quedado en el final de la quinta temporada y la película Fight the Future. Lo que viene a partir de ahora es el cierre de la conspiración tal como se venía rumbeando desde la primera temporada. Hay quienes dicen que la serie debería haber terminado en la octava, otros que no se animan a tanto pero que sostienen que la novena estuvo de más. Un poco en el medio de las dos posturas me ubico y, por consiguiente, también la parte subjetiva de esta entrada.

SEXTA TEMPORADA

Die Wahrheit ist irgendwo da draußen (La verdad está ahí afuera en algún lugar)
“Triangle” (6×03)

El Sindicato empezaba a desarticularse y sin embargo faltaba la última gran revelación, el plan desentramado por el propio Fumador a oídos de Mulder sobre cómo se había gestado el acuerdo entre este grupo para-gubernamental y los extraterrestres. Ese acuerdo que, se nos había sugerido en la temporada anterior, consistía en una oportunidad para el Sindicato de prepararse para la inminente invasión experimentando con ADN alien. Sin embargo el feto que les daría la clave, tenía un alto precio: las propias familias de los lobbystas. Es así como en The Beginning se nos empieza a aclarar el panorama, pero no es hasta el capítulo doble Two Fathers / One Son cuando por fin todo queda resumido en un sobervio monólogo de El Fumador.

Para quien no recuerde con demasiada claridad este tramo de la historia, quizás sólo haga falta ver estos dos capítulos para tener un pantallazo claro y hasta casi pedagógico de cómo venía la mano. Mejor, si se me permite, que ese apresurado resumen del capítulo doble del final de la serie, The Truth.

The Beginning se inicia, valga la redundancia, con un clásico X-File que lentamente va tomando el lugar de mítico. En Arizona, un hombre comienza a sentirse enfermo cuando regresa del trabajo y, en cuestión de horas, algo crecía en sus entrañas y termina reventándolo, literalmente, en un merecido homenaje a la saga Alien. Y mientras tanto, en la baticueva, Mulder y Scully cuentan sus peripecias en la Antártida que no hacen más que reafirmar la decisión de los altos mandos del FBI de no sólo no volver a ponerlos a cargo de los Expedientes X, sino trasladarle el caso del alien de Arizona a Jeffrey Spender y Diana Fowley. Hermosas criaturas, tan hermosos agentes que a los diez minutos uno espera verlos abducidos.

Fowley ya había desplegado toda su arisca versatilidad en The End  y con una Scully ya totalmente a la defensiva, en The Beginning directamente es una guerra planteada. Mientras Mulder se enfrasca en confiar en Fowley, el niño telépata Gibson reaparece en escena en plena cirugía cerebral. Finalmente Mulder y Scully lo rescatan (bueno, técnicamente él los encuentra) y se reanuda el plan de ocultarlo, que había quedado a medias en la temporada pasada. En una trama de idas y vueltas con lealtades puestas en duda, finalmente todo… vuelve al principio. Gibson desaparece, Mulder es traicionado y todos regresan al papeleo de oficinas mientras se borran las huellas. Y en las profundidades de una fábrica, un extraterrestre cambia la piel. Hardcore X-Files!

El episodio que antecede a Two Fathers es SR 819, un capítulo centrado en Walter Skinner y en una indescifrable enfermedad que lo deja al borde de la muerte. Aunque las ideas principales del capítulo se limitarían a esa simple línea, es un episodio bien contado, con buen manejo del suspenso y con un gancho sumamente rescatable para un capítulo en el que, comparativamente hablando, la historia es más lineal y simple que en todos los otros. También se destaca la peculiar relación entre Alex Krycek y Skinner que a partir de este momento genera una enfermiza dependencia del director adjunto hacia el personaje mas inescrupuloso de toda la serie, que lo tendrá por casi tres temporadas agarrado del cuello, por usar una expresión reproducible.

En el medio de la temporada, en ese momento reservado para los giros dramáticos clásicos de la serie, aparece el dúo Two Fathers y One Son. Lo interesante es que otra vez X Files vuelve sobre sus propios pasos para resignificar o agregar información sobre elementos que se creían agotados, pero a los que aún puede sacársele jugo. La primera escena remite directamente a la tercera temporada, en los capítulos Nisei y 731 en los que se mostraban experimentos realizados sobre alienígenas y humanos en vagones de tren. La acción se traslada otra vez allí, esta vez con la propia Cassandra Spender la camilla. Y todo termina en la línea de la quinta temporada, con alienígenas rebeldes reduciendo todo a cenizas. Menos, claro, a la buena de Cassandra.

La investigación del caso queda otra vez en la doble vía: oficial (Fowley-Spender) y en la que más gusta. Lo interesante en que en este episodio Jeffrey Spender es derrotado, al parecer, de manera definitiva. Queda en evidencia, se rinde ante Mulder y, para colmo, recibe un disparo en plena cara que lo borra del mapa. A Fowley le quedaría un poco más de aliento.

Estos dos capítulos, como decía más arriba, tienen la particularidad de explicar frontalmente, y ya sin más amagues el plan que había unido allá lejos y hace tiempo al Sindicato con Bill Mulder incluido. Desvelaría el trato que se había hecho, la entrega de los seres queridos, las traiciones y los cambios abruptos de planes. Suma aún más atracción que el Fumador lo cuente desde una posición de resignación, de planes fallidos. Como es el Fumador, no alcanza para  convencernos de que no hay otro master plan que saldrá a suplantar al que no funcionó, pero a título de cierre de esta parte de la conspiración, alcanza por demás.

Y parecería todavía poco si no fuera porque por primera vez en todo lo que va de serie (128 capítulos para ser exactos), recién en estos capítulos conocemos el nombre de El Fumador y Mulder y Scully descubren el parentesco que estableció con Cassandra y Jeffrey.

La sexta temporada es muy breve en lo que a conspiración se refiere, apenas cuenta con cinco capítulos de la trama mítica, al igual que la quinta temporada. Pero, como la anterior, posee buen ritmo, revelaciones a la altura de las circunstancias, giros profundos y un tratamiento de la psicología de los personajes bien marcada: destruirlos cuanto sea posible. Y, pobrecito Mulder, aún te faltaba la peor parte.

La sexta temporada cierra con Biogenesis, un capítulo planteado desde el vamos como un “rompantodo“. En Africa aparecen una serie de rocas talladas con signos inescrutables que son llevados a EEUU para su análisis. Afortunadamente caen en manos de Mulder y Scully, que acaban de regresar a la oficina de sus amores, probablemente después de limpiar los pedacitos de Spender que quedaron en las paredes. Cuestión que el interés de Scully por descifrar los signos se convierte rápidamente en una cruzada para salvar la vida de Mulder. Aquejado por una migrañas que se convierten en una incontrolable psicosis, Mulder es internado y dopado mientras Scully se toma el primer avión a Costa de Marfil y busca el resto de las partes que componen lo que de ahí en adelante se llamará “el artefacto”.

SEPTIMA TEMPORADA

Believe to Understand (Creer para entender)
“Closure” (7×11)

Varias cosas se dicen y se cierran en esta temporada. En primer lugar, el gran misterio de Samatha y, por otro, la trama de la conspiración en sí misma, encabezada por el Sindicato. La séptima temporada da los últimos coletazos de esa trama para abrir un nuevo camino que traería más de un detractor: los super soldados de la octava temporada. Pero, esperemos que aún nos queda por hablar de la última en la que Mulder se mantiene como un personaje estable y aún queda, hay que decirlo, un epílogo de lo mejor de la conspiración en la séptima temporada (aunque para eso habrá que esperar una última entrada).

El capítulo doble que abre esta nueva etapa es The Sixth Extinction, una trama que inicia con la investigación de Scully en África y la convalecencia cada vez más agónica de Mulder, cuyo cerebro ha desarrollado una actividad anormal que lo deja en una suerte de coma. En la primera parte, Scully se adentra en el misterio de la nave encontrada en el mar y de la respuesta a todas las preguntas de la Humanidad que pareciera estar contestada en su superficie, escrita con una serie de códigos que la agente irá descifrando con la ayuda de lugareños y científicos. Paralelamente, Skinner toma las riendas en Washington, e intenta ayudar a Mulder junto a Kritschgau, cuya fidelidad es puesta en duda sobre todo por la agente Fowley, aún revoloteando sobre la camilla del moribundo Mulder.

Kritschgau descubre que Mulder ha sido expuesto a una fuerza que desarrolla su “visión remota”, permitiéndole prever acontecimientos y mantener una conexión psíquica parecida a la vista en el joven Gibson Praise. El proyecto de Scully es reiteradamente saboteado y, acosada por visiones inexplicables, regresa a EEUU con todas las pruebas de su progreso borradas. Encuentra un panorama no menos alentador en sus tierras, donde Mulder está al borde del colapso mental, medio drogado, y con la queridísima Fowley tratando de hacerse cargo del asunto.

La segunda parte de este episodio es considerablemente distintas, sobre todo en tono y ritmo. Es de los clásicos capítulos introspectivos salidos de la inventiva de David Duchovny en el guión. Un episodio en que se nos relata la vida interna de Mulder en coma, la influencia de El Fumador y Fowley, quienes en el mundo real lo secuestran del hospital y lo llevan a un lugar secreto para operarle el cerebro y sacar las respuestas a la gran pregunta alienígena así, como el cuento de la gallina de los huevos de oro. Si la respuesta está adentro, tráiganme el bisturí!

La vida paralela de Mulder, que viaja de sueño en sueño como en un planteo a lo “What if…”, se nos muestra la posibilidad de que abandonara el FBI, pasara a ser un sujeto anónimo como el Fumador y viviera en un barrio anónimo… casado con Diana Fowley. Ok, comencemos a sospechar de que esto quizás no sea idílico. Lo que parece ser la gran revelación del capítulo es algo que, a fin de cuentas y por el momento, queda a medias: la posibilidad de que el Fumador sea el padre de Mulder.

El episodio tiene un alto contenido emocional que resulta más que adecuado, pero no puede obviarse lo simple de su desenlace. Apresurado, demasiado sencillo para la carga de emotividad anterior… bueno, gracias por la muerte repentina de Fowley. Je!

Sein und Zeit es un capítulo, en gran medida “a la antigua”. O al menos eso parece, cuando se presenta como un episodio en apariencia autoconclusivo, sin relaciones claras con la Conspiración, pero que acaba siendo la resolución del conflicto más amargo y profundo de la vida de Mulder. Todo comienza con al desaparición de Amber La Pierre, una nena de cuatro años que es llevada de su casa sin ningún sospechoso a la vista. Su madre, que en un arranque de locura escribe una carta extorsiva para ser enviada a ella misma, le da la dosis X al caso.

Mulder rápidamente se involucra en la investigación, con una Scully que a la legua sospecha que su compañero está reviviendo la abducción de Samantha. A la de por sí confusa desaparición al estilo Maddeleine se le suma la “colaboración” de un psíquico que también ha perdido un hijo y dice saber algo de Samantha. Mulder lentamente va siendo consumido por el caso y aunque finalmente resuelve el presunto paradero de Amber (víctima de un asesino serial de niños), la historia da un vuelco cuando Mulder descubre un diario de su hermana. Closure es el capítulo que enfoca por completo el final del misterio de Samantha. Scully realiza su propia investigación revisando las filmaciones de la regresión hipnótica de Mulder (cuyas grabaciones en cinta ya habían aparecido en la primera temporada) y, de paso, interroga al Fumador que ya empieza a mostrar deterioro físico. Mulder queda enrollado en sus conflictos personales, en un capítulo que quizás sea de los más duros de la serie. Lo más valioso de Closure es que la serie nuevamente demuestra por qué es superior: por salirse con la suya aunque deje destruido al espectador y a los protagonistas. X-Files es lo que es por capítulos como este, donde no se le tiene miedo a la crueldad, a decirle a Mulder que su principal motivación era un callejón sin salida, que sus recuerdos eran parches y que la verdad era mucho más injusta que cualquier ficción alienígena.

Aunque lo metafísico abunda en Closure, quizás lo más duro sea lo terrenal. Samantha murió hace mucho tiempo, y eso no hay psíquico que pueda cambiarlo.

En Ami es un capítulo raro. Muy, muy raro. Y salió de la mente del no menos extraño William B Davies (El Fumador) quien estuvo a cargo del guión. Si recuerdan aquel documental con entrevistas a los actores que se realizó en la quinta temporada (y que acompaña, como material extra, los discos de esa época) la frase de Davies de que el Fumador es el verdadero héroe de la serie cobra total sentido en este episodio. Es raro porque Mulder queda en segundo plano, porque el Fumador aparece en un medio camino entre ese némesis invencible y el hombre frágil de Musings of a Cigarrette Smoking Man, de la cuarta temporada. En Ami desarrolla más que nunca el cierto cariño o espíritu protector que el Fumador tiene hacia Scully y que lo explica bien en una conversación que tienen en un auto. El Fumador se siente en parte creador de Scully, porque tuvo su vida en las manos, porque podría haberla matado pero la reservó para otra cosa. Así, Scully comienza a acercarse al Fumador, el capítulo tiene una sobredosis de corpiños para el esquema puritano de Carter y, encima, Scully le miente de a Mulder y le cree al Fumador. Es cierto, es a veces un poco off topic, pero es un buen capítulo. Está conectado con la conspiración en cuanto a que el Fumador le propone a Scully acceder a un CD que posee la respuesta para tratar todas las enfermedades. Nada menos tentador para una mitad médica, mitad agente del FBI. El problema del capítulo se sitúa al final, donde todo vuelve al inicio, otra vez las pruebas desaparecen y nos vuelve a quedar esa sensación de que todo ha sido en vano. Idea que ya en la séptima temporada pide a gritos alguna que otra respuesta.

Por suerte llegaría el final de temporada. Requiem se plantea como algo así; un final a modo de epitafio. Luego de algunos problemas de contrato (léase salario) que Duchovny tuvo con sus jefes, a partir de esta temporada Mulder pasaría a tener apariciones mucho menos frecuentes. Por eso, Requiem es una suerte de despedida a su protagonismo. Se regresa a las fuentes, retomando la historia del capítulo Piloto con aquellos chicos abducidos que han crecido siete años. Mulder y Scully investigan algunas abducciones en Oregon y lentamente descubren que los ex abducidos pasan a ser el blanco de una nueva etapa de la colonización, con Billy Miles como cuasi protagonista de esa sub trama. No menos importante, pero mucho más lejos, en Túnez, Marita Covarrubias saca a Krycek de una cárcel a lo Expreso de Medianoche y estos dos ambiguos personajes comienzan a trabajar juntos ante un enemigo común: el Fumador.

Mientras todo parece apuntar a que Scully volverá a ser abducida, Mulder baja la guardia y tras una escena shipper para la hinchadacon sabor a despedida, es capturado ante la incrédula mirada de Skinner, que tarde pero seguro tiene su primer encuentro cercano del tercer tipo. Un creyente más para la causa y un líder menos, ya que Mulder… no regresa. El capítulo termina con la revelación del embarazo de Scully, que se instalará como arco argumental para la temporada siguiente. El accidentado nacimiento de un niño concebido milagrosamente (en serio, Carter?) y la desaparición de Mulder serán los dos grandes elementos que en el futuro le den lugar a la menos exquisita trama de los super soldados que llegaría cuando la serie ya iba bajando el copete, pero no tanto che, que sigue siendo X-Files!.

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